Tradición boliviana del Gran Poder, mayor festividad de los Andes

Por Por Viviana Díaz Frias*
La Paz (PL) Si intentásemos definir a Bolivia en una sola idea, quizás una solución viable sería remitirnos a la expresión cultural de su sincretismo religioso, aspecto que tiene como una de sus muestras principales la festividad paceña de El Gran Poder.
Esta conocida celebración tiene su origen en un cuadro del siglo XVII que perteneció a la monja Genoveva Carrión, quien lo llevó al convento de las Concebidas en la ciudad de La Paz, relata Carmen Beatriz Loza, jefa de la unidad de patrimonio inmaterial del Ministerio de Culturas y Turismo.

Tras la muerte de Genoveva, el lienzo peregrinó por barrios de la ciudad de La Paz hasta llegar a Ch'ijini donde se le construyó un oratorio que, al resultar pequeño, derivó en la edificación de un nuevo templo de la Santísima Trinidad en la calle Max Paredes.

La obra de aquella época es una alusión a la Santísima Trinidad y en ella se observa un hombre de tres rostros, simbolizando a Dios hijo, Dios padre y el Espíritu Santo, unidos por un listón donde se escribe la palabra Deus.

El padre no es hijo, el hijo no es espíritu santo y este no es padre. Por tanto, los tres en uno son Dios o el Gran Poder, refiere la especialista.

Según recoge el ideario popular, al rostro izquierdo le pedían ayuda para las maldiciones, al del centro, anhelos del peticionario, mientras que al de la derecha se le encomendaba el bienestar para familiares y amigos.

De acuerdo con Loza, el barrio de Ch'ijini, donde fue instalado el lienzo, era una zona periférica de agricultores, obreros y migrantes de las provincias paceñas a la ciudad, estaba muy en los márgenes.

Ellos querían rendirle tributo a la imagen, pero querían hacerlo en sus propios términos y eso significaba realizar danzas y cantos que les eran comunes, precisó.

Refiere la historiadora, que en un principio solo intervenían algunos conjuntos autóctonos, pero paulatinamente fueron incorporando bandas musicales y comenzó a crecer su magnitud.

De un pequeño culto de barrio se convirtió en la mayor festividad de los Andes, expresó.

Dentro de la impronta de este evento, figura su papel en la imposición de la moda para las cholitas bolivianas y en la exhibición de las mejores piezas textiles y de joyería de La Paz.

En este sentido, destacan las mantas de vicuña, muchas veces bordadas a mano, que pueden tener un valor de más de mil 500 dólares; los sombreros borsalinos, que alcanzan un precio similar; y las joyas de oro macizo, que simbolizan el poderío de la élite aymara.

Precisamente a este sector pertenecen los prestes, pareja de patrocinadores de esta festividad.

Durante todo el año hay una pareja de devotos, llamados prestes, que costea la celebración y que guía al resto de los fieles en los actos litúrgicos junto al párroco de la iglesia del Gran Poder, en este caso, el rector de los Agustinos en Bolivia, explicó Loza.

Igualmente, precisó que la Festividad del Gran Poder es un ciclo anual de expresiones ceremoniales que pueden ser privadas o públicas.

La expresión pública más grande, es la entrada folclórica, cuya fecha varía cada año, aunque generalmente se celebra entre los meses de mayo y junio, complementó.

En su edición de este año, participaron más de 70 fraternidades danzarias que recorrieron desde la zona oeste al centro de la ciudad de La Paz, exhibiendo trajes y bailes autóctonos para mostrar su devoción a Jesús.

De acuerdo con datos del Ministerio de Culturas y Turismo, en esta ocasión intervinieron alrededor de 40 mil danzarines y siete mil músicos, en un evento que generó el movimiento de cerca de 115 millones de dólares.

Artesanos y especialistas en distintos oficios como bordadores, zapateros, orfebres, sombrereros, teleros, sastres, modistas, peinadores y maquilladores, forman parte de esta cadena económica.

A esta también se suman los músicos y las bandas que acompañan el peregrinar de los danzarines.

La entrada tal y como se conoce hoy - señaló Loza- data de la década del 70 del pasado siglo, que es cuando ya se comienza a apreciar el empoderamiento de estas élites aymaras que presionaban para entrar a la ciudad, pues antes solo estaban en los márgenes.

Otra transformación importante en esta celebración es el papel de la mujer, cuya participación anteriormente se reducía a acompañar a sus esposos para ayudarlos con las caretas y los trajes.

El auge de la presencia y protagonismo femenino en la entrada del Gran Poder se produjo sobre 1990 y ya actualmente integran bloques enteros en las fraternidades para mostrar que ellas también tienen la libertad y el derecho de bailar, dijo.

La Festividad del Gran Poder es una celebración exclusiva de La Paz, aunque en los últimos años tiene sus devotos fuera de esa urbe que paralelamente hacen actos semejantes en menor escala.

Debido a la magnitud e importancia que reviste, en abril de 2017 el expediente de la 'Festividad de la Santísima Trinidad del Señor Jesús del Gran Poder en la ciudad de La Paz' fue enviado a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura para su declaratoria como obra patrimonial de la Humanidad.

*Corresponsal de Prensa Latina en Bolivia.

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