Nayla Pose, el 'brío' hecho teatro

Por Maylín Vidal

Buenos Aires (PL) La actriz y directora teatral argentina Nayla Pose ha consagrado los últimos años de su vida a un proyecto que hoy defiende con garra y sostiene a pulmón, Brío Teatro, un sueño devenido realidad que cumple una década.
Desde un café porteño en un mediodía frío, la destacada teatrista y pedagoga dialogó en exclusiva con Prensa Latina sobre sus inicios en el arte de las tablas, de la iniciativa que gestó junto a su pareja, el destacado actor Claudio Quinteros -quien falleció a los 43 años en 2013-, y los desafíos que ha tenido que enfrentar para llevar adelante este espacio de investigación y formación teatral.

Cuando estudiaba en la Facultad de Medicina Nayla no lo imaginaba, pero tenía claro que estaba predestinada a sanar vidas y almas a través de la actuación, del teatro. Tocar la fibra de muchos espectadores, conectarlos, y generar eso que ella busca siempre: la empatía.

Pese a los derroteros que implica hacer teatro independiente, la actriz se emociona porque hoy tiene la libertad de hacer un teatro inclusivo y los últimos cinco años, tras la partida física de su compañero, cuando sintió que su vida se desplomaba, se levantó y hoy aquel proyecto ya tiene raíces.

Desde hace más de 20 años hago teatro y en la última década he estado concentrada más en Brío, una manera de pensar el arte, subraya la actriz y directora, egresada de la Escuela Nacional de Arte Dramático, quien ha trabajado con directores como Daniel Veronese y Fernando Rubio pero también deja sus huellas hoy delante y detrás de escena.

Para mí el teatro es un acto comunicacional muy potente, está vinculado a la empatía con un extraño, lo veo como movimiento social, subraya Pose, quien compagina su trabajo de escribir, dirigir y actuar con una de las cosas que más le gusta, la pedagogía.

Me interesaba mucho la docencia desde antes de hacer teatro daba clases como un acto de compartir saberes. Se unió mucho la actuación con la enseñanza teatral, estudié dramaturgia, fui asistente de dirección y allí empecé a toparme con la creación, sostiene.

Pose ha llevado su arte a las tablas de Europa y plazas como Florencia, Sevilla, Bruselas y países latinoamericanos como Brasil y México, pero en Brío está su vida, un espacio concebido para pensar y para unirnos, amalgamarnos entre generaciones.

El Brío, contó la artista, nació como una necesidad de llevar nuestro trabajo a un espacio. En ese momento en Argentina había mucha propuesta de teatro, muchas salas independientes que hoy casi todas estamos en pleno desarrollo.

Con su sede fija en la céntrica avenida Alvarez Thomas, allí palpita este proyecto donde no solo se hace teatro, se enseña a las nuevas generaciones y se le da espacio para sus creaciones.

Al principio éramos Claudio y yo en la dirección y luego se empezaron a sumar nuestros alumnos. Hoy ya llevo la mitad del proyecto dirigiéndolo sola. Cuando mi pareja falleció fue una experiencia reveladora de lo que yo era capaz en relación a cómo una mujer directiva puede manejar un espacio creativo, remarca.

Nayla subraya que hoy en día el lugar de la mujer se expande mucho en el teatro y le gusta pensar el teatro independiente pero también resaltar el rol de la mujer. Hay mucha movida femenina, el teatro siempre estuvo más vinculado al hombre y el papel de las féminas era el de la linda, la actriz, la que se muestra y exhibe y esa no es la realidad.

La teatrista argentina, quien celebra hoy que en el país ya comience a hablarse de una ley de paridad teatral, recuerda como junto a su pareja apostaron todo al Brío en las más difíciles circunstancias mientras relata el papel que le concede a la actividad pedagógica, bisagra y vital para pensar el teatro, para estudiar lo clásico y ancestral en función del mundo contemporáneo.

Es muy importante para mí el valor de la libertad de la búsqueda, la integridad, ese es el reto más grande hoy en medio de las presiones económicas que generan otras presiones que escalan hondo, subraya la creadora de obras como Hedda y Yo así, quien el arte le dio fuerzas para seguir adelante durante los momentos más difíciles.

Creo en el valor de la empatía, el altruismo de lo que es poner un cuerpo y unos ideales, tus emociones a favor del deseo de decir algo, desarrollar la creatividad para mantenerse en esa línea y espero que sea posible con el día a día, dice.

EL TRABAJO PEDAGÓGICO Y LOS RETOS

Como hacer teatro, a Nayla también le da mucho placer inculcar lo que ha aprendido en estos años y trabaja desde hace mucho tiempo con estudiantes que ya terminaron en la secundaria y otros que ya llevan el sello del Brío.

Uno de los objetivos de este espacio es brindar herramientas vinculadas a la creación y que el estudiante se vuelva autónomo. Hoy damos clases dos profesores en jornadas de cuatro horas seguidas, pero también este año se sumaron dos exalumnos, relata y cita lo vivido con la obra La bestia invisible, en cartelera en segunda temporada, que se estrenó con éxito el pasado año.

Me lleve una gran sorpresa, esta pieza nuclea a estudiantes de distintas camadas y se armó un equipo de trabajo muy interesante, estamos en proceso de desarrollo de trabajo de una compañía, afirmó.

La pieza es algo que te refleja como una verdad cuando es todo ficción pero para mí logra cuestionar una actuación de hiperrealismo. La bestia narra como la memoria es algo bestial en la construcción de identidad. Hay un entramado invisible que tiene que ver con la actuación y si esa actuación no está consagrada a la verdad la obra no funciona.

En la puesta, cuyas funciones se realizan todos los sábados, hay dos testimonios, uno sobre la guerra de Rusia en 1914 y otro de la segunda guerra mundial, uno del abuelo de una actriz y otra del bisabuelo de otra actriz explicó Nayla, quien resalta como fueron capaces de unir muchas voces creativas en una única identidad. Eso para mí fue muy desafiante e intenso. La pieza está muy vinculada a cosas que yo viví como el dolor y la transformación, tiene un gesto melancólico, tiene humor.

Sobre ese límite de la teatralidad y la verdad en escena, la artista señala que es importante pensarse en el contexto del arte contemporáneo y lo que tiene La bestia de positivo es que de una manera muy simple cuestiona algo del principio de la teatralidad, te muestra una mentira como si fuera una verdad.

Nayla y el equipo del Brio Teatro celebran estos años de trabajo con algo que hacen todo el tiempo, dice: la libertad como por ejemplo al hacer una obra como La Bestia, creer en el proyecto mientras siguen adelante con las ganas de hacer muchas cosas.

Hoy está enfrascada en un proyecto que le genera vértigo, admite, inspirado en Shakespeare, una Ofelia revolucionaria. Todavía no se me bien como 'parirlo' pero tengo muchas ganas de articularlo con la compañía, manifestó.

Mientras sigue adelante con el proyecto que ha marcado su vida, la actriz y directora afirma que hoy sueña con un teatro inclusivo pues este tipo de arte para ella no deja de ser como algo medio burgués.

Me encantaría que fuera un instrumento de transformación social, que mucho mas allá de la obra y el mensaje que lleves, tengas un espectador que mueva su musculo cardíaco cuando la vea. Sueño también con producir materiales que sensibilice a más gente, concluye.

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