¿Qué pasa en Nicaragua?

¿Qué pasa en Nicaragua?
POR JAVIER LARRAÍN PARADA, CORTESÍA DE REVISTA LA CORREO
 Desde que el pasado miércoles 18 de abril decenas de cientos de nicaragüenses, en su mayoría jóvenes estudiantes universitarios, se lanzaron a las calles para manifestar su descontento con el decreto presidencial No. 975 que regulaba la Ley de Seguridad Social, la espiral de violencia en el país centroamericano creció vertiginosamente, para cobrarse un saldo de alrededor de un centenar de víctimas fatales hasta hoy, entre ellos el periodista Ángel Gahona. Pero, ¿cuáles son los actores movilizados? ¿Qué motiva realmente a los marchantes? ¿Cuál es la posición del Gobierno de Daniel Ortega?
Para esclarecer parte de los hechos acudimos a la voz del máximo representante de Nicaragua en Bolivia, el embajador Elías Chévez, quien no titubeó en dedicar una jornada completa para responder todas las interrogantes que nos acosaban.

Embajador, ¿cuál es la raíz del conflicto en curso?

Lo que lo desata la espiral violenta es el decreto presidencial sobre la Ley de Seguridad Social, pero la raíz hay que entenderla como una acumulación de hechos en el tiempo.

Uno de ellos lo encuentras en el momento que se dio a conocer la construcción del canal interoceánico, cuando un grupo compuesto por ex combatientes anti somocistas con bastantes méritos en el pasado, pero que ahora están a la derecha –hablo del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), liderado por la ex comandante Dora María Téllez–, organizaron a parte del campesinado diciéndoles que serían afectados por la ruta del canal, por ejemplo mediante expropiaciones. Esa base social el MRS la ha sostenido e instrumentalizado para, en este caso, auspiciar la caída del Gobierno.

¿Con qué fines?

Provocar la salida de Daniel Ortega; por eso han inventado que el Frente Sandinista ya no existe y que degeneró en un partido familiar controlado por el matrimonio Ortega-Murillo.

Ahora, cabe preguntarnos: ¿cómo logra el MRS sostener durante días una movilización de 2.000 campesinos entre las ciudades de Nueva Guinea y Managua –donde hay una distancia de entre 300 a 400 km–? ¿Quién y por qué se desembolsan recursos para cubrir tan altos costos de una acción de ese tipo?

¿Está dando a entender que reciben financiamiento externo y que la desestabilización puede ser promovida por agentes foráneos?

Sí, hay un financiamiento externo que tiene nombre y apellido, que lleva nombres de organismos y ONG fachadas de la CIA, radicadas en Nicaragua. No resulta difícil identificar con una posición anti sandinista a muchas de esas instituciones y parte de los actores movilizados.

¿Qué otros eventos son parte de esa acumulación temporal a que hizo referencia?

Ya mencioné la protesta contra la construcción del canal, mantenida en el tiempo. Luego vino en abril la mencionada Ley de Seguridad Social. Pero, igualmente importante ha sido la confirmación de que los norteamericanos, con financiamiento de USAID, han capacitado a casi 3.000 jóvenes, los que precisamente participan y en algunos casos encabezan las protestas. Y, claro, a todo lo anterior habría que agregar errores propios, al interior del sandinismo, que tienen que ver con problemas generacionales.

Al mundo se le muestra un descontento entre jóvenes que luchan por conquistar una democracia supuestamente arrebatada por un sanguinario dictador.

El discurso que han querido imponer es el de que Daniel Ortega es un demonio porque es un asesino, por eso hablan de dinastía. Pero, ¿qué ocurría en Nicaragua antes de los hechos de abril? Éramos uno de los países más serenos y tranquilos del mundo, con una convivencia plausible entre el empresariado y sectores obreros sindicalizados; con una respetable relación con el clero católico y proximidad y simpatía con las comunidades de base cristianas, católicas y evangélicas.

Eso queda patente en la definición de su proceso, llamado por el oficialismo como “modelo cristiano, socialista y solidario”.

Cierto, aunque la relación más fuerte que ha existido durante estos años es con el empresariado, la famosa triple alianza que está en la Constitución.

Si ustedes ponen atención, el empresariado no fue el que inició las revueltas, se sumaron oportunistamente y hoy reniegan de lo que ayer juraron. Es evidente que de no haber existido una buena relación con ellos no hubiésemos tenido altos niveles de inversión extranjera, seguridad, un crecimiento económico progresivo en el tiempo, entre otros avances.

Ha sido fuertemente criticada la impostura del empresariado, sobre todo porque ha transparentado que lo único que le interesa es su capital, al precio de aliarse, por ejemplo, con el MRS, que hasta hace unos meses tanto reprochaban.  

¿Por qué se volteó el empresariado si estaba tan bien?

Porque son subordinados de la política yanqui.

¿Y por qué la administración Trump debiera estar interesada en destituir violentamente al binomio Ortega-Murillo?

Porque no permiten lo que estaba desarrollándose en Nicaragua, la convivencia de diálogo con crecimiento; aquí basta recordar que la Nica Act es anterior a los incidentes que motivan esta entrevista.

Tampoco es que fuéramos la maravilla del mundo, pero, entre otras virtudes, contamos con un Ejército que tiene un alto reconocimiento de la población, que desde hace siete años se encarga de la protección de los productores campesinos en lugares montañosos, combate el abigeato y lucha tenazmente contra el narcotráfico. Empero, ¿qué han hecho en estas campañas de desprestigio? Mostrarlos como un órgano represivo y de paso tratar de incidir en ellos para que hagan un golpe de Estado.

¿Si las fuerzas opositoras al sandinismo son débiles cómo es que logran provocar una crisis de gran magnitud, con concentraciones masivas?

Porque, como he dicho, hay una acumulación de situaciones. Y esto fue inteligentemente fomentado en las redes sociales, escenario en el que somos extremadamente débiles.

A los gringos hay que reconocerles una cosa, el que nos estudian y aprenden de sus errores o perfeccionan sus trampas, es decir, hacen ciencia, porque tienen gente pensante capaz de diseñar campañas sofisticadas. En Nicaragua lograron agrandar un tema que estaba desde un inicio apaciguado, porque la asociación de jubilados ya había firmado acuerdos con el Gobierno.

Es sintomático ver que en un lugar donde los estudios universitarios son gratuitos sean los estudiantes quienes protesten por demandas que pudieran no competerles.

Exacto, con eso explicas el papel que las redes sociales han jugado en esta coyuntura, exacerbando los ánimos.

Retornemos a las presuntas motivaciones que pudiera tener EE.UU. en intervenir en su país, ¿cuál es el peso de lo geopolítico en esto?

Es un peso enorme. Si antes tuvimos excelentes relaciones con la URSS hoy las tenemos con Rusia, con quienes asumimos alianzas estratégicas y proyectos, por ejemplo, con el emplazamiento del Sistema Global de Navegación por Satélite (Glonass); esto en el supuesto “patrio trasero” de EE.UU., porque hay que aceptar que así nos conciben los yanquis.

Nuestra posición geográfica es otro elemento históricamente relevante, la cotización del canal no es que los norteamericanos la hayan descartado, sólo están en desacuerdo que le hayamos dado la concesión a los chinos.

A lo anterior habría que  agregar que, según consta en los informes de seguridad elaborados por el propio Comando Sur, por su posición geográfica y decisión política Nicaragua ha jugado un papel estratégico en la lucha contra el narcotráfico y la trata de personas, en consecuencia, constituye una traba para las maras, carteles y asociaciones delictuales.

¿Cómo explica que la OEA, de la mano de su secretario general Luis Almagro, salga en defensa de Daniel Ortega y abogue por la paz?

Hay una singularidad ahí, porque en nuestro modelo de diálogo y conciliación nacional siempre ha prevalecido la lucha contra la pobreza, cuyos resultados han sido positivos estos últimos siete años y reconocidos por todos los organismos internacionales.

Cuando esos ciudadanos que provocaron las revueltas y crímenes decidieron acudir a la OEA con el fin de aislarnos internacionalmente, con el padrinazgo del Gobierno de Trump y legisladores como Iliana Ros y Marco Rubio –mismos que promovieron la Nica Acta, aún vigente y que nos provoca cuantiosos daños económicos–, se encontraron con que el presidente Ortega extiende una invitación a Almagro para que vea directamente lo que pasa.

De hecho ya había sido veedor en unas elecciones municipales.

Efectivamente. Se acreditó e hizo un informe con observaciones de rutina una vez publicados los resultados, destacando el desarrollo en plena normalidad de los comicios, aun cuando recomendaba corregir algunas cosas. ¿Qué ocurrió? El Gobierno aceptó la mayor parte de estas sugerencias e inclusive formó una comisión de trabajo con un cronograma proyectado hasta enero de 2019.

En definitiva, sólo la existencia de ese cronograma y la cooperación de nuestras autoridades con la propia OEA explican la conducta comprensiva del Sr. Almagro.

La paradoja que se da es que la derecha nicaragüense acusa a Almagro de “pro danielista” y éste, lejos de quedarse callado, califica a aquellos de “oposición destructiva”.

Es efectivo que son una oposición destructiva. Han llegado a decir que Luis Almagro ha sido comprado por nosotros y que es cómplice de no sé qué crímenes. Y aquí pregunto, ¿pueden resultar creíbles afirmaciones de ese calibre?

Lo único cierto e irrefutable es que cuando la OEA nos solicitó el ingreso de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), para investigar las circunstancias que rodean los crímenes que todos conocen, se encontró con el visto bueno del presidente Ortega quien, además, ha declarado estar presto a implementar las recomendaciones que emanen de un eventual informe. O sea, todo lo que la derecha ha inventado para atacarnos, se les ha derrumbado y vuelto en contra.

¿Cuáles son los costos económicos, sociales y políticos de la ola golpista en curso?

Han sido del todo devastadores. El nivel de crecimiento que nos proyectaban los organismos internacionales y las propias estadísticas nuestras, que era del orden del 4.9%, se fue al piso.

En términos de inversión también nos vemos afectados. En cuanto a la seguridad ciudadana, que era un logro emblemático que teníamos, igualmente la derribaron. Pero, quizás lo fundamental y más preciado que han arrasado es algo que habíamos construido durante estos 11 años, que es la reconciliación. La de hoy es otra Nicaragua, hay un antes y un después de las asonadas callejeras.

Para finalizar, parece ser que el denominador común del empresariado-Iglesia-estudiantes-EE.UU. es la renuncia de Daniel Ortega y elecciones presidenciales anticipadas, ¿cree que es eso factible?

Eso no es posible de negociar por dos motivos bien simples: primero, porque significaría violentar nuestra propia Constitución; y segundo, porque sentaría un mal precedente para Nicaragua y toda la región en cuanto a que un puñadito de golpistas se arroguen el ilegítimo derecho de tumbar gobiernos democráticamente electos cuando se les plazca.