“Quieren exterminar a la izquierda con vocación de poder”

Por Daniel Wizenberg (Desde Bruselas)

Correa, quien vive en Bélgica desde hace un año, afirma que en su país lo quieren ver preso o muerto y que Lenin Moreno –hoy su archirrival– pautó con EEUU. “La CIA actúa con las embajadas. La decisión es exterminar a la izquierda.”

El otoño belga es excepcional mente cálido. Rafael Correa aprovecha un sábado de octubre en la mañana para ir al mercado de la Place de la Université, en Lovaina La Nueva, el pueblo belga de 29 mil habitantes a 40 minutos en tren del centro de Bruselas, donde desde hace un año vive el ex presidente de Ecuador.

Viste elegante sport y calza unos zapatos leñadores gastados. Lleva en el bolsillo un papel arrancado de un cuaderno donde su esposa Anne Malherbe –a quien conoció en una residencia universitaria de esta misma ciudad hace 28 años– le anotó en francés que debe comprar berenjenas, tomates, pepinos, papas y frutas. Gasta 45 euros.

Le pide al verdulero que para la próxima reemplace las bananas de República Dominicana por las de Ecuador. Paga con una tarjeta del banco holandés ING. Saluda en quechua a Armando, un ecuatoriano de una comunidad andina que tiene un puesto de ropa en el mercado. Recorre a pie 10 minutos rodeado de verde y regresa a su departamento: un cuatro ambientes con balcón terraza en un segundo piso. Lo alquila a 1250 euros mensuales.

Los Correa se mudaron a Lovaina La Nueva a mediados del 2017 porque les gustó la escuela pública de allí para Miguel, su hijo adolescente. También para estar cerca de sus dos hijas, Anne Dominique y Sofía, que consiguieron becas para estudiar en París. Además, buscaban acercarse a los padres de Anne, oriunda de Namur, a media hora de la nueva casa. Querían, dicen, poder comer juntos los domingos o salir tranquilos a la calle. Este verano fue complicado para la familia: a fin de mayo, a Anne Dominique la atropelló un auto en Ginebra, donde estaba haciendo una pasantía como periodista. Tuvo una doble fractura abierta en el tobillo además de muchísimos golpes. Se está terminando de recuperar.

–¿Fue fuerte el cambio de ser el presidente diez años de un país a ser uno más en un pueblo belga?

–Antes de ser presidente detestaba la rutina o ir al supermercado, ahora lo disfruto. Dijeron ‘Correa es un don nadie ahí’. ¡Eso vine a buscar! Me encanta cocinar. Arroces, ceviche. Me gusta experimentar. Por ejemplo, el otro día inventé la “salsa amatriciana al estilo Rafael”: le pongo chorizos españoles. También soy experto en parrilladas aunque una de mis hijas, vegetariana, me ha convencido de comer menos carne.

Visitas ecuatorianas

En su mano derecha Correa porta una muñequera: se resintió del esguince que se hizo el 8 de julio último tras zamarrear al periodista ecuatoriano Ramiro Cueva, después de que éste lo increpó en la calle mientras el ex presidente caminaba con una de sus hijas. “¿Si te dicen ladrón tienes que decir viva la libertad de prensa? Por ser presidente no dejas de ser humano.” Hace unos días la Justicia belga condenó al periodista por amenazas: debe pagar 1600 dólares de multa si vuelve a Europa.

Hubo otro episodio violento: en agosto dos periodistas del medio ecuatoriano La Posta llegaron para mostrar la vida europea del ex presidente. Se enfrentaron con correístas que viven en Bruselas. Correa denunció acoso a la policía: “Vinieron a buscar una vida de millonario y no pudieron demostrar nada”.

El salario medio en Bélgica es poco menos de 4000 euros por mes. Correa calcula que podría vivir bien con los 4600 dólares de la pensión presidencial más el sueldo como maestra de su esposa: “Pero tengo 13 procesos penales, hace meses que tengo que trabajar para pagar mi defensa”.

Recibe ingresos por dar cursos on line y conferencias. Tiene un salario fijo como presidente del Instituto de Pensamiento Político y Económico Eloy Alfaro y además hace consultorías por su cuenta. Asegura que se ha “comido los ahorros familiares”, que se endeudó, pero que ya equilibró los números porque “por una conferencia pueden pagar 60 mil dólares, no como Obama que cobra 200 mil, pero las pagan bien”. 

Lenin Moreno le retiró la seguridad presidencial, ahora tiene un servicio particular. “Es una protección básica, gente desarmada, necesito tener al menos un chofer que sepa conducir en caso de emergencia. Lo paga una institución. No puedo decir cuál. La discusión en Ecuador es tan tonta que dicen ´¿si es tan popular para qué necesita protección?´ Pero además de eso, suponiendo que no tenga ningún enemigo personal, que es imposible, tengo secretos de Estado”.

–¿Es privada o pública esa institución que paga la seguridad?

–Es, digamos, sin fines de lucro.

Judicialización de la política

En Ecuador, Correa tiene una orden de prisión preventiva vigente desde julio de este año. La Fiscalía General del Estado lo acusa de ser el autor mediato del secuestro del ex seguidor suyo Fernando Balda, a quien agentes de inteligencia ecuatorianos intentaron secuestrar en Colombia en el 2012. La fiscalía apunta a Correa porque era “el presidente de la república y por lo tanto jefe directo de los servicios de inteligencia”. “A mí me quieren muerto fuera del país o preso en el país y que me maten ahí. Saben que les ganamos cualquier elección si yo estoy”, responde. Una jueza se pronunciará sobre su situación en una audiencia el próximo 23 de octubre. Interpol aún no ha atendido el pedido de captura. Su última opción es pedir asilo en Bélgica. “Es muy difícil que cumplan su sueño de verme esposado volviendo al país. Si voy tendría que ir a probar mi inocencia cuando debería ser al revés. Ya basta, es una locura allá, se vive una dictadura, una falta total de Estado de Derecho.” 

–Pero quien lidera ese Estado fue promovido por ustedes mismos para llegar al poder.

–Totalmente, yo soy el principal responsable de lo que está ocurriendo. ¿Cómo pude dejarme engañar por un tipo así diez años? Es un impostor profesional. Me decía que yo era el mejor ecuatoriano de todos los tiempos. Ahora dice todo lo contrario. O fue un impostor profesional o algo se le saltó. Es difícil que exista alguien con tanto cinismo, solo puede mantenerse con la complicidad de la prensa.

–¿Dolió personalmente el cambio de Lenin Moreno?

– No éramos amigos, yo lo apreciaba mucho por su historia, por cómo se recuperó de una tragedia. Pero no era tan cercano como otros que también traicionaron y esos sí desgarra el alma. Debo estar preparado, sé que así es la vida. Pero tú puedes saber que una inyección duele y no por eso cuando te la ponen te va a dejar de doler. Sí me sorprendió la cantidad y magnitud de las traiciones. ¿Quién puede adivinar esas cosas? Caras vemos, corazones no. Hay analistas allá que dicen que la traición es el instrumento tradicional de la política ecuatoriana. ¡Lo banalizan! Como si fuera una opción que tienes la de traicionar ¡por favor!

–Según la Celag, Lenin Moreno creó una “Oficina para el intercambio de información con EEUU” y el Centro de Inteligencia Estratégica, que estarán abiertos a la cooperación con la Casa Blanca, ¿esta nueva política puede explicar su giro?

–Por supuesto, son causa y son consecuencia. Yo creo que el tipo (Lenin Moreno) ha pautado con Estados Unidos.

–¿Antes o después de la elección presidencial?

–Creo que después de la primera vuelta. Pensó que iba sacar más pero era muy mal candidato, si hubiera sido bueno tendría que haber ganado en primer turno. El tipo se acobardó y, por ejemplo, pautó con el Partido Social Cristiano, que son lo peor de la política ecuatoriana y probablemente haya tenido contacto con la Embajada de Estados Unidos pensando en la traición.

–¿Estados Unidos es la mano detrás del lawfare? El lawfare, como escribió José Natanson en línea con Carreiro de Barros Filho, en tanto “utilización de los jueces como herramienta de persecución política a través de la creación de maxiprocesos que involucran un alto nivel de espectacularización”.

 –Las oligarquías nacionales y las internacionales también. No solamente el gobierno de Estados Unidos, hay un sistema que marcha por sí solo, estoy seguro que ni los presidentes de Estados Unidos saben lo que hace la CIA. Pero puedes estar seguro de que la CIA actúa con las embajadas. La decisión es exterminar a la izquierda. No van a permitir que se repita otra época de oro en América Latina: 90 millones han salido de la pobreza. Ahora regresaron 20 millones. Están dispuestos a todo. La orden es exterminar a la izquierda con vocación de poder. No a la izquierda tonta, la del “todo o nada”. Sino a la izquierda de los Lula, Cristina, Chávez, Correa que pateamos el sistema. Van a tratar de exterminarla físicamente también. No se engañen, no exagero.

Política y moral

Para Rafael Correa, no se patea el sistema con demandas como la despenalización del aborto. Discute con el feminismo: “busquemos la igualdad de derechos, salariales, políticos pero no podemos ser iguales en todo, biológicamente no somos iguales”. Cree que antes del aborto “hay mil cosas que pasan antes, como la injusticia o la pobreza. Para llenar un tarro si metes primero arena, lo fino, y luego metes rocas, entra menos que si primero metes lo grande y luego lo fino”.

–Hubo bastantes críticas por esa posición moral, de gente que comparte tus ideas en lo político o en lo económico. ¿Se pueden reconciliar ambas?

–Para mí la cuestión social en el continente más desigual del planeta, es la primera cuestión moral. Pero en Brasil, por ejemplo, hubo una gran marcha antes de las elecciones, contra el moralismo de Bolsonaro y las chicas fueron con el torso desnudo, a pedir el aborto, el matrimonio igualitario. Le subieron seis puntos a Bolsonaro.

Antes de ponernos a discutir estas cosas que están en la frontera del debate, discutamos cosas evidentes como la desigualdad de derechos. Él además ha cogido la insatisfacción de la gente en temas que la izquierda nunca habla por purismo, como la seguridad. ¿Por qué la izquierda no enfrentó más claramente ese problema para evitarlo? Es una torpeza política. En Ecuador sí lo hicimos, tenemos el sistema de seguridad integrado más avanzado de América Latina.

–¿Para poder captar esos significantes vacíos la Iglesia Evangélica le dio a Bolsonaro una llegada a las bases que la izquierda perdió?

–Te diría que la iglesia evangélica encontró esas bases que la izquierda no atendió. Cuando la gente se asusta por ciertas posturas busca otra cosa y cuando ve que no tiene perspectivas de cambio, se deja convencer de que así tiene que ser y encuentra refugio en estas iglesias. Es difícil, a los dirigentes políticos nos acusan de no haber sido dirigentes espirituales. Que no cambiamos los hábitos de consumo, que nos enfocamos en el materialismo y no en lo espiritual del asunto. Pero bueno, sí quizás dejamos espacios para que los ocupen estas posturas radicales, como la de Bolsonaro.

–Cuando ganó Donald Trump se decía que se iba a topar con los frenos y contrapesos del sistema. En Brasil da la sensación de que no hay contención y que Bolsonaro puede parecerse más a Rodrigo Duterte (el líder conservador y autoritario de Filipinas que lleva adelante una sangrienta “guerra contra las drogas”) que a Trump.

–Creo que se parece más a Duterte, sí. Porque ni Trump va a hablar a favor de la dictadura, de la tortura, de la desaparición de 30 mil personas. Sin embargo, mira, soy optimista por naturaleza. Si no hacemos esto con optimismo mejor dedicarse a otra cosa. Y hay que ver las cosas en el largo plazo. Yo no quiero que gane, es difícil pero no imposible. Hay 20 millones que no votaron, esos 20 millones, los necesita la inmensa mayoría Haddad. La prensa juega un rol terrible. Pero si gana Bolsonaro, como cuando ganó Bush en Estados Unidos, puede despertar a los gobiernos progresistas de América latina. Va a ser tan elemental su gobierno que puede provocar una reacción favorable para retomar la vía del humanismo.

–¿A qué plazo hay a la vista algún tipo de cambio de correlación de fuerzas?

–Cualquier cosa puede pasar. Antes de mi gobierno, cada gestión duraba un año y medio. Yo soy optimista de que pronto cambiará la situación política y empezaremos a recuperar lo mucho que hemos retrocedido.

Retiro parcialmente voluntario

Mientras siga vigente la prisión preventiva, Correa no volverá a Ecuador. Igual dice que su objetivo, cuando se fue, no era exiliarse sino retirarse para escribir. En su escritorio, que está en el living de su casa, se sienta cuando todos se van a dormir y solo queda despierto su gato Dobi. Está preparando tres libros sobre el desarrollo latinoamericano. Para eso está revisando bibliografía como ¿Por qué fracasan los países? de Acemoglu y Robinson o ¿Por qué las naciones latinoamericanas fallan? de Pérez Caldenentey y Vernego.

Para Correa “no vamos a alcanzar el desarrollo si no aumentamos la productividad” y para eso hay que superar la “incapacidad para organizarse”. Por eso, también está releyendo la ‘tesis climática’ de David Landes sobre por qué los países con clima cálido nunca lograron desarrollarse.