Investigación del fiscal especial, ¿suenan alarmas para Trump?

Por Martha Andrés Román*
Washington (PL) El presidente estadounidense, Donald Trump, negó que tenga intenciones de detener la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre las elecciones de 2016, pero varias fuentes consideran al mandatario alarmado por esa pesquisa.

La investigación es lo que es. Simplemente sigue y sigue y sigue. Esta pregunta se ha hecho sobre mí desde hace casi dos años, y mientras tanto, él todavía está allí, expresó el gobernante republicano en una reciente entrevista con el diario The Washington Post.

'No tendría que ser así, pero sigue ahí, así que no tengo intención de hacer nada', añadió el jefe de la Casa Blanca sobre la indagación acerca de una presunta interferencia electoral rusa y una supuesta colusión con su campaña.

Trump ha negado repetidamente una complicidad de su equipo con Rusia, y califica de cacería de brujas la pesquisa encabezada por Mueller, quien fue designado para tal puesto luego de que en mayo de 2017 el presidente despidió al entonces director del Buró Federal de Investigaciones, James Comey.

Ante nuevas noticias relacionadas con este asunto, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, señaló el 27 de noviembre que el mandatario no había hecho nada malo y que no estaba al tanto de las discusiones sobre un posible perdón a su exjefe de campaña Paul Manafort.

Este último se declaró culpable en septiembre último de delitos de conspiración contra Estados Unidos y de obstrucción a la justicia por sus negocios de consultor en Ucrania antes de trabajar para Trump, y alcanzó entonces un acuerdo con Mueller para cooperar con su indagación.

Pero el fiscal especial lo acusó recientemente de mentir a agentes federales sobre una variedad de temas, en violación del pacto que le hubiera permitido recibir una condena reducida.

Al conocerse esa noticia, de inmediato comenzaron las especulaciones de que la disposición de Manafort para engañar a los investigadores era un intento de pedir el perdón del jefe de Estado.

Ante esos eventos, medios estadounidenses consideraron que aunque la Casa Blanca diga que Trump no tiene nada de qué preocuparse con relación a ese tema, el comportamiento del mandatario indica lo contrario.

El reciente aluvión de tuits del presidente, y comentarios y testimonios de fuentes cercanas a él, que coinciden con una intriga cada vez mayor en torno al fiscal especial, insinúan una profunda preocupación por parte de Trump, estimó la cadena CNN.

Mediante una serie de mensajes publicados en Twitter el 27 de noviembre, el gobernante sostuvo que saldrán héroes de la indagación sobre los comicios de hace dos años, 'pero no serán Mueller y su terrible banda de demócratas enojados'.

Apuntó que los medios de 'noticias falsas' presentan a Mueller como un santo, cuando en realidad es exactamente lo contrario, y está causando un tremendo daño al sistema de justicia criminal.

El jefe de Estado, quien continuamente lanza el argumento de que ese tipo de pesquisa debería centrarse en el Partido Demócrata y en Hillary Clinton, su contrincante en 2016, reiteró que el fiscal especial 'solo está mirando hacia un lado y no al otro'.

Al día siguiente, volvió a la carga con ese tema, como ha hecho con frecuencia desde las elecciones de medio término del 6 de noviembre.

Mientras que los asquerosos medios de noticias falsas están haciendo todo lo posible para no denunciarlo de esa manera, al menos tres de los principales actores están insinuando que la banda de Mueller les dice a los testigos que mientan sobre los hechos y obtendrán alivio, expresó Trump, sin señalar pruebas.

Pese a todas las críticas del jefe de la Casa Blanca, el equipo de Mueller hasta el momento presentó acusaciones contra otros tres antiguos colaboradores del gobernante: el exconsejero de seguridad nacional Michael Flynn; el exasesor George Papadopoulos; y Richard Gates, exsocio de Manafort.

En total, la pesquisa ha llevado a imputaciones contra 32 personas, entre ellas los cuatro exasesores ya mencionados, quienes se declararon culpables de varios cargos, y 26 nacionales rusos.

Justo después de los comicios de medio término de este año, en los que los demócratas alcanzaron la mayoría en la Cámara de Representantes, el asunto ganó fuerza nuevamente, en gran medida de la mano del propio gobernante republicano.

Al día siguiente de las elecciones, el presidente anunció la salida del cargo del hasta entonces fiscal general del país, Jeff Sessions, luego de criticarlo públicamente durante meses por su decisión de recusarse de la indagación sobre los comicios presidenciales.

El 2 de marzo del año pasado, tras asumir su puesto al frente del Departamento de Justicia, Sessions anunció que se separaba de esa pesquisa por sus vínculos con la campaña electoral del presidente, y nunca le perdonó eso a quien fue una de las primeras figuras en apoyar su candidatura a la Casa Blanca.

Junto con su salida del puesto, el mandatario adoptó otra decisión muy criticada: poner en su lugar como fiscal general interino a Matthew Whitaker, una figura que antes de su nombramiento se mostró contrario al trabajo de Mueller y se refirió a la posibilidad de dejarlo sin fondos para avanzar.

Su designación para el cargo, tildada de inconstitucional por algunos demócratas dado que no fue confirmado por el Senado, provocó protestas en muchas ciudades del país ante la preocupación de que fuera un intento de poner fin a la labor del fiscal especial.

Los intentos de proteger la investigación de cualquier interferencia de Trump llegaron hasta el Senado, donde se manejó un proyecto de ley destinado a impedir el despido de Mueller, pero el líder de la mayoría republicana, Mitch McConnell, se negó a que fuera presentado al pleno.

De acuerdo con el portal Axios, en medio de este contexto crece la evidencia de que la pesquisa está avanzando hacia nuevas acusaciones, algunas de ellas con posibilidades de ser muy importantes, lo cual podría ser la causa de las continuas arremetidas del presidente.

arb/mar

*Corresponsal jefa de Prensa Latina en EE.UU.