Año de cambios y preparativos para elecciones en Sudáfrica

Año de cambios y preparativos para elecciones en Sudáfrica
Por Ilsa Rodríguez *
Pretoria (PL) Cambio de presidente, investigaciones de funcionarios corruptos, atracción de inversiones y tratar de aliviar los desafíos de pobreza, desigualdad y desempleo marcaron el 2018 en Sudáfrica, un año además de recesión económica e incremento de la desocupación.
El 14 de febrero el presidente Jacob Zuma presentó su renuncia ante el reclamo del Comité Ejecutivo del gobernante Congreso Nacional Africano (ANC) y Cyril Ramaphosa, quien había sido electo en diciembre presidente de esa veterana organización antiapartheid, asumió la jefatura de Estado y Gobierno de este país.

Desde entonces el nuevo Presidente inició una fuerte campaña contra la corrupción que ha provocado la salida de sus puestos de numerosos funcionarios públicos y de directivos de importantes empresas estatales acusados de abuso de poder, malos manejos y estar involucrados en otorgar privilegios a compañías privadas que obtuvieron ilegalmente contratos multimillonarios.

La más reciente dimisión fue la del ministro del Interior, Malusi Gigaba, acusado de mentir ante una comisión investigadora sobre su autorización al establecimiento de una terminal privada de la familia Oppenheimer en el aeropuerto internacional Oliver Tambo de Johannesburgo.

Gigaba, quien también se señala apoyó gestiones de la familia de empresarios de origen indio Gupta, involucrados en actividades corruptas, y fue centro de la prensa debido a la divulgación por las redes sociales de un vídeo de carácter sexual, abandonó también su escaño en el parlamento como diputado del ANC.

Otro ministro que salió del Gabinete por testimonios sobre reuniones sostenidas con los Gupta que no había reportado fue el de Finanzas, Nhlanhla Nene.

Cada uno de estos casos, a los que se unen la separación de altos directivos de los organismos de impuestos y la Procuraduría, investigados por conducta impropia e ineficiente gestión en esas posiciones, han sido aprovechados por los partidos de oposición para desacreditar al ANC y reiterar que la corrupción está latente pese a los esfuerzos del mandatario.

Estas campañas en contra del partido gobernante, al frente del país desde la llegada de la democracia en Sudáfrica en 1994, hacen prever que la batalla política para las elecciones generales de 2019 estará caracterizada por ataques encaminados a sacar al ANC del poder.

Estas corrientes anti-ANC aprovecharían asimismo divisiones dentro del propio partido gobernante, que trata por todos los medios de solucionar el Presidente de Sudáfrica.

Además de estos problemas en la política, el país enfrenta una de sus peores crisis económicas con la práctica detención de los índices de crecimiento, el incremento del desempleo y la violencia de género, así como la permanencia de grandes desigualdades a 24 años del triunfo en las urnas.

PROBLEMAS PRINCIPALES

Este año la dirigencia sudafricana trató por todos sus medios de enfrentar los escollos fundamentales del país, entre los que destacan las pocas inversiones extranjeras, el aumento del desempleo, el incremento de la violencia, los mantenidos maltratos contra mujeres y niños, y la concentración de las tierras en manos de unos pocos.

Para ello el Gobierno adoptó un plan de estímulo y recuperación económica respaldado por un fondo mixto de unos 28 mil 500 millones de dólares, que estará dirigido fundamentalmente a impulsar la agricultura, la infraestructura y la creación de empleos, en particular para jóvenes y mujeres.

El Presidente convocó además cumbres nacionales sobre desempleo y violencia de género, organizó una conferencia internacional sobre inversiones y llamó a los órganos competentes y las comunidades a luchar contra la violencia, que en 2017 tuvo el saldo terrible de 20 mil asesinatos.

En la Cumbre sobre Empleos, Ramaphosa aseguró que la desocupación es el principal reto del país porque disminuye la capacidad para reducir la pobreza, resolver la desigualdad y mejorar la vida de los trabajadores y los pobres, además de tener efectos devastadores en las familias y las comunidades, erosionar la dignidad humana y contribuye a problemas de salud, educación, consumo de drogas y delitos.

El Presidente explicó en esa cita celebrada a principios de octubre, que las tasas extremas de parados en Sudáfrica son resultado de una economía que durante varias décadas careció de inversiones significativas en su capital humano, donde a la mayoría le ha sido negada la oportunidad de poseer activos o desarrollar habilidades.

En la reunión para analizar la violencia de género, los asistentes señalaron que ese flagelo destroza a la sociedad sudafricana, afecta a cada comunidad y a la mayoría de las familias, y es 'una afrenta a nuestra humanidad compartida'.

Durante su participación en ese encuentro, el jefe de Estado y Gobierno reconoció que este problema requiere de un acercamiento multisectorial que fortalezca las intervenciones para atacar las causas y los efectos de ese tipo de violencia.

Admitió que en Sudáfrica el problema es más severo en comparación con otros países debido a los 'relativamente altos niveles de violencia y criminalidad'.

Cifras de la Organización Mundial de la Salud revelaron que el asesinato de mujeres en esta nación africana fue en 2016 de 12,1 por 100 mil, cinco veces más alta que la tasa a nivel mundial.

Mientras, el Servicio de Policía de Sudáfrica anunció que los asesinatos de mujeres aumentaron 11 por ciento en los últimos dos años y que en 2017 se reportaron 100 mil violaciones.

Para Ramaphosa es necesario tratar los temas del patriarcado y de los vínculos económicos de las mujeres, y cambiar el pensamiento acerca de las relaciones de género a fin de solucionar el asunto.

En cuanto a inversiones, la Conferencia celebrada en noviembre en Sandton, Johannesburgo, consiguió compromisos por unos 20 mil millones de dólares, que se unen a otros 28 mil millones pactados por Ramaphosa y sus enviados especiales en diversos países.

Esta cantidad forma parte del ambicioso plan del Presidente de alcanzar 100 mil millones de dólares en los próximos cinco años.

En cuanto a la tierra, una comisión parlamentaria decidió llevar a cabo cambios en la Constitución que permitan la confiscación de tierras sin compensación, un paso que la dirigencia sudafricana cree es imprescindible para el avance de la economía y reducir tanto el desempleo como la pobreza.

arb/ir

*Corresponsal de Prensa Latina en Sudáfrica.