Infierno bajo la bola ardiente

Infierno bajo la bola ardiente
Por Deisy Francis Mexidor*

La Habana, (PL) Tokuko Kimura tuvo la suerte de sobrevivir y contar hoy con 82 años. Tenía apenas 10 cuando aquel 9 de agosto ''una bola de fuego rodeada de llamas blancas'' cayó sobre su natal Nagasaki, tres días después de Hiroshima.
Fue el inicio de un dolor terrible que pese a las más de siete décadas transcurridas aún oprime su corazón de hibakusha, palabra que define a los sobrevivientes del bombardeo atómico sobre ambas ciudades japonesas, ordenado en agosto de 1945 por Harry S. Truman, el entonces presidente de Estados Unidos.

Tal es así que aún siente bajo sus plantas algo 'blando que no era tierra' y que ella está segura pudo ser uno de los miles de cadáveres que cubrieron, en segundos, el suelo de Nagasaki.

'El artefacto fue lanzado desde los 10 mil metros de altura y explotó a 500 metros con un radio de calor superior a los cuatro mil grados Celsius', relató desde la Casa de la Amistad en esta capital, durante un Foro por el Desarme y por la Paz. Durante el evento, organizado por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y el Movimiento Cubano por la Paz, recordó que la 'explosión tuvo una gigantesca onda destructiva y la radiación se desparramó en forma de lluvia'.

Era el segundo ataque nuclear de la historia. El primero con una bomba de plutonio. Y el blanco fue Nagasaki.

A esta 'por su contextura la apodaron Hombre Gordo (Fat Man, en inglés)', contó Tokuko con palabras que le salen del alma.

Antes, el 6 de agosto, la bomba Little Boy (Niño Pequeño, en inglés) había sumergido en el espanto a Hiroshima.

Testimonios de la época apuntan que Fat Man fue lanzada en paracaídas desde un bombardero estadounidense B29 a las 11:02 hora local.

Ese mismo 9 de agosto Truman habló por la radio sin mencionar directamente lo ocurrido en Nagasaki.

'...le dieron al pueblo japonés suficiente advertencia de lo que le esperaba. Especificamos las condiciones generales para su rendición', expresó el mandatario en su mensaje.

'Nuestra advertencia fue desatendida, nuestros términos rechazados. Desde entonces los japoneses han visto lo que nuestra bomba atómica puede hacer. Pueden adivinar lo que hará en el futuro', dijo el gobernante de la Casa Blanca.

Al instante murieron '40 mil personas (la mayoría civiles) y en el transcurso del siguiente año, por los efectos, fallecieron unas 74 mil', indicó la entonces niña residente junto a su familia 'en un barrio céntrico de la ciudad', distante a escasos 3,6 kilómetros del epicentro del lanzamiento.

'Estudiaba el cuarto grado en la escuela primaria y estaba en vacaciones de verano. Mi padre se había alistado en el Ejército', narró la hibakusha mientras hilvanó ideas 'sobre las horas siguientes'.

Lo que sobrevino fue un anochecer a pleno día; los rostros rojos e hinchados de muchos de sus coterráneos, quienes estaban quemados, tanto que 'los tejidos de sus ropas se pegaban a la piel'.

A los quemados los vio entrar a los refugios y cuando 'les dábamos agua dejaban de respirar. No había nada que yo pudiera hacer', añadió al rememorar las filas para cremar a tantos despojos humanos.

'El hedor a cuerpo quemado inundaba la ciudad aun después de la guerra (la Segunda Guerra Mundial, 1939-1945)', evocó.

El 15 de agosto, Japón anunció su rendición incondicional, con lo cual concluyó la Guerra del Pacífico y por tanto, la Segunda Conflagración Mundial.

LO QUE RESTA POR VIVIR

Tokuko Kimura llegó a Cuba para contar su verdad. Por eso se enroló en el Proyecto Hibakusha que desde 2008 coordina la organización internacional no gubernamental Peace Boat (Barco de la Paz), con sede en Japón.

En unión de casi mil pasajeros viajó con el Peace Boat, cuyo objetivo es, desde 1983, promover el desarme, la prevención de conflictos y el desarrollo sostenible, y que en este 2017 hace su nonagésimo quinto (95) viaje global.

La ONG, que tiene Estatus Consultivo Especial ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (Ecosoc), mereció en el pasado la nominación al Premio Nobel de la Paz.

El apretado programa en Cuba incluyó también el recorrido por centros de salud, educación, de atención a la tercera edad, así como el intercambio con jóvenes universitarios.

Según el trayecto, en tres meses y medio, la embarcación tocará tierra en 19 países, entre ellos estuvo en la isla de Creta en Grecia, Burdeos en el sur de Francia y Nueva York, Estados Unidos, etapa anterior a su arribo a La Habana.

El fundador y director general del Proyecto Peace Boat, Yoshioka Tatsuya, informó que esta es la visita número 17 a Cuba, desde 1989. Durante las visitas 14 (2010) y 15 (2012), los pasajeros del Peace Boat sostuvieron encuentros con el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, quien brindó una especial atención a los hibakushas.

Precisamente, en el año 2003, Fidel estuvo en Japón y rindió homenaje a las víctimas de la tragedia en Hiroshima, donde escribió en el libro del Memorial de la Paz: 'Que jamás vuelva a ocurrir semejante barbarie'.

Y es ese el sentido de la vida de Tokuko Kimura. En diálogo con Prensa Latina previo al Foro por el Desarme y la Paz, confesó que ignora cuánto más le queda, pero si de algo está segura es de que continuará luchando por la abolición de las armas nucleares. 'Nuestra vivencia no debe repetirse', subrayó con firmeza.

DESPUÉS DE LA BOMBA

Oficialmente hay más de 360 mil hibakusha de los cuales la mayoría, antes o después, han sufrido desfiguraciones físicas y otras enfermedades provocadas por la radiación tales como cáncer y el deterioro genético.

La propia Tokuko superó el cáncer de estómago diagnosticado en 2010, un año después que también su hija presentara otra patología de similar enfermedad.

ÂíMi hija con cáncer, 60 años después de la bomba!, exclamó, mientras explicó a los asistentes al Foro que ese terrible suceso no solo afectó a la primera generación de hibakusha, 'es un legado amargo, que se transmite de generación en generación'.

A través de nuestras vidas el miedo y la ansiedad nos persigue tanto física como mentalmente, insistió Kimura, en la actualidad presidenta de la Asociación Hibakusha de Setagaya y vicepresidenta del Comité de la Federación de Tokio para Organizaciones Hibakusha.

No olvidó en su testimonio a aquella amiga de la escuela, una década después del lanzamiento de la bomba atómica en Nagasaki. 'Un día dejó de ir a clases', rememoró y cuando fue a su casa encontró que sangraba, tenía una rara enfermedad.

Poco después murió. Sufrió los efectos de la radiación, puntualizó.

'Yo pensaba que mi turno sería el próximo', señaló Tokuko cuando confesó el continuo temor -característico en los hibakushas- ante la incertidumbre de que hoy puede ser el último día.

Además del dolor físico y psicológico, hay que añadir el factor de rechazo social que padecen los hibakusha. Dijo que con frecuencia sufren discriminaciones de sus conciudadanos.

Muchos ignoran las enfermedades relacionadas con la radiación y las asocian con problemas congénitos y en el peor de los casos, contagiosos.

Un importante estudio a cargo de Robert Jay Lifton acerca de los hibakushas acuñó el concepto de anestesia psíquica (psychic numbing) para dar cuenta de la defensa psicológica que se genera una de estas personas.

Datos difundidos en Internet revelan que hacia finales del año de sus lanzamientos, las bombas habían matado a 140 mil personas en Hiroshima y a cerca de 80 mil en Nagasaki, aunque solo la mitad fue en los días específicos de los bombardeos.

Lo anterior significa que el resto de los decesos ocurrieron por lesiones o dolencias atribuidas al envenenamiento radiactivo sufrido por los expuestos a la bomba atómica, como bien denunció Kimura en su testimonio de lo ocurrido hace 72 años en Nagasaki, palabras que al ser escuchadas aún erizan la piel.

*Periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina

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