BRENNAN: El legado criminal de Goldberg y el Imperio

BRENNAN: El legado criminal de Goldberg y el Imperio

Por Juan Ramón Quintana Taborga

El imperio contra el mundo

América Latina ha sido una víctima permanente de Estados Unidos mediante diversas formas de intervención, señala el sociólogo e historiador boliviano Juan Ramón Quintana en un artículo, a título personal, donde denuncia la injerencia  del ex embajador norteamericano  Philip Goldberg y del actual encargado de negocios en Bolivia, Peter Brennan, en los asuntos internos de su país.

Se ha hecho un lugar común asistir al abuso de poder y la prepotencia de los EEUU a lo largo y ancho del mundo. Lo que es peor, observar con cierta indiferencia estas prácticas agresivas e impunes ejercidas contra pueblos y gobiernos que discrepan del unilateralismo hegemónico o que no comparten su escalofriante crueldad en procura de convertir al mundo en un teatro de marionetas.
 
 
La violencia de alcance global y el doble estándar con el que actúa el imperio más poderoso del planeta está vaciando el contenido elemental de lo que suele llamarse conducta civilizada de las naciones modernas. Un ejemplo constituye la retórica sobre “democracia” que manejan funcionarios norteamericanos y que hacen eco sus bufones trasnochados en la OEA. Este enunciado de democracia no tiene nada que ver con la libertad, la representación ni la participación ciudadana, peor aún, con la soberanía del voto popular o la capacidad de decisión que emerge de los electores con efectos en la esfera pública. En la patria de Lincoln la democracia es una quimera entretanto gobiernen magnates, corporaciones, bancos que encubren activos, santuarios financieros y mafias semioficiales que viven de la guerra. El poder financiero y militar no tiene ningún parentesco con la democracia, todo lo contrario, es su antítesis.

 De la misma manera, su apelación a la defensa de los derechos humanos desborda en cinismo. Bastaría observar las ejecuciones de ciudadanos en la silla eléctrica en pleno siglo XXI, las torturas cometidas por soldados norteamericanos en las cárceles de Abu Ghraib, en el Centro de Internamiento de Bagram o en el campo de detenidos de Guantánamo o los asesinatos de afrodescendientes ejecutados a sangre fría por la policía blanca. ¿Hay algún rastro sospechoso entre los miles de masacrados cada año y la Asociación Nacional del Rifle? El imperio no anda con sutilezas. Gobierna sobre los escombros, el miedo y la muerte y lo hace con las tecnologías de poder más sofisticadas del planeta. Afortunadamente su vulnerabilidad es cada vez más evidente como consecuencia de la infidencia de sus propios agentes de seguridad que no resisten el silencio frente al inescrupuloso sistema de violación global de la privacidad.

 América Latina bajo fuego cruzado

 La cercanía geográfica, el valor geoestratégico del continente y sus cuencas marítimas, de cara al comercio del siglo XX y XXI, así como la disponibilidad de recursos estratégicos incrementaron la vulnerabilidad de nuestra región frente a los EEUU, además de incitar al apetito voraz de sus capitales. América Latina ha sido una víctima permanente de EEUU mediante diversas formas de intervención así como en la ejecución de planes siniestros como el Plan Cóndor, cuyo objetivo, además de la eliminación física, el exilio, la tortura, persecución de opositores a regímenes militares apoyados por Washington, fue impedir conquistas democráticas, derechos civiles y la instalación de proyectos de liberación nacional.

 La región fue minada de miedo para que las naciones más ricas, de la mano de sus oligarquías más serviles, resignaran sus recursos naturales a las empresas norteamericanas más prósperas del planeta, aquellas que extrañamente producen la mayor cantidad de energía fósil para dejar en la obscuridad a millones de seres humanos fosilizados por el hambre, la desnutrición y la barbarie capitalista.

 Bolivia y EEUU: del trato cortesano a la rebelión indígena anticolonial

 En lo que toca a la relación de EEUU con Bolivia no caben muchas conjeturas. Más de un siglo de intervención sistemática no sólo produjo una enajenante cultura de domesticación política y cultural sino también una suerte de dependencia adictiva. Por ello, el idilio entre las aguas del Potomac y el mundo andino-amazónico no ha sido propiamente la característica de ésta relación. Fue más bien la imposición y el chantaje, junto a la conducta cortesana de gobernantes previos a Evo, lo que facilitó su dominio, con excepciones honorables y patrióticas que concluyeron dramáticamente.

 EEUU ha tratado a Bolivia como a una pequeña colonia anómala e incómoda arguyendo la falta de educación democrática, instituciones precarias e inestables, población pobre en un país desvertebrado e indígenas ignorantes e incultos. En éste contexto, la “cooperación norteamericana” fue asumida como una manera de ejercer dominio mediante la civilización de indios díscolos y disciplinando a obreros que interferían en el saqueo de áreas estratégicas del país.

 La victoria electoral del pueblo boliviano, en diciembre del 2005 cambió la historia: la sumisión a EEUU se convirtió en rebeldía y el pueblo boliviano, cansado de ser humillado por su condición socio-cultural y económica recuperó la capacidad de definir su propio destino. Con el ocaso de las relaciones carnales con EEUU, Bolivia pasó a constituir objetivo estratégico en sus planes  de recomposición de su dominio. En consecuencia, el país sufrió la mayor agresión imperial de la que se tiene memoria en estos casi 200 años de vida. La decisión de impedir la continuidad de la condición semicolonial del país fue respondida con el golpe cívico-prefectural, separatismo y secuestro aéreo del Presidente Evo Morales y su tripulación en pleno vuelo en 2013, para vergüenza de algunas potencias europeas.

 Aunque políticamente los “populismos radicales”, como ellos llamaban a los procesos progresistas, jamás constituyeron una amenaza militar ni económica para la hegemonía norteamericana, su sólo discurso liberador advertía de su fuerte incidencia política regional con riesgo de contaminar a la vecindad con el “mal ejemplo”. En ésta lógica supremacista el riesgo de contaminación provenía no sólo de la democratización del poder sino de los procesos de nacionalización, recuperación de las soberanías hipotecadas por regímenes neoliberales y la puesta en marcha de proyectos económicos con alcance regional en los que el Estado pasaba a ser un actor estratégico, redistribuyendo excedentes y propiciando proyectos de industrialización. Por cierto, las grandes corporaciones multinacionales que se creían dueñas del país marcaron su impronta. El país se les escapaba de las manos y un indio rebelde e irredento, al que se lo intentó desaparecer físicamente, matar civilmente y exonerar de su cargo políticamente, liderizaba el proceso que entre otras cosas llevaba el mandato de la descolonización y el antiimperialismo.

 El imperio mostró todo su poderío movilizando fuerzas conservadoras de la derecha nacional más reaccionaria, recuperó la plantilla de funcionarios amaestrados y dóciles que el neoliberalismo usó como su rostro modernizador, llevó a cabo maniobras mediáticas al límite de la grosería en su afán de frenar la fuerza irreversible del proceso político boliviano. La nación derrotada decidió convertirse en Estado Plurinacional dejando de lado el protectorado republicano. Como era previsible la reacción de garrote no se dejó esperar.

 Apegado a sus intereses geopolíticos EEUU lanzó su mayor contraofensiva encarnando su tradicional papel de policía mundial. Cegados por la intolerancia e iracundos por haber perdido la mala costumbre de disponer del país a su antojo optaron por la estrategia de la restauración conservadora descargando su arsenal desestabilizador contra el gobierno, dirigentes y funcionarios públicos.

 Por su parte, Evo Morales  levantando la bandera de la segunda independencia hizo posible el sueño de millones de bolivianos que aspiraban recuperar la dignidad nacional. Expulsó al embajador Goldberg por sus acciones desestabilizadoras y su injerencia en los asuntos internos, echó a USAID del país por su doble moral y su trabajo larvario contra el proceso,  mandó de vuelta a casa a los agentes de la DEA por su largo historial de violación de los DDHH y su impostura en la lucha contra las drogas  y puso cortapisas a las acciones siniestras de la CIA y sus adláteres.

 A pesar de todas las amenazas se recuperó la soberanía nacional sabiendo que cualquier acción contrahegemónica que surgiera en cualquier parte del planeta estaría condenada a ser sofocada por cualquier medio, incluso la destrucción del propio proyecto emancipador En consecuencia, el proceso político boliviano rompió la barrera cultural aparentemente infranqueable que dictaba su corolario más abyecto – contra el imperio no se puede - para una nación empobrecida, sedienta de emancipación.

 Forma parte indivisible del injerencismo norteamericano la artera estrategia del miedo, canalizado por los grandes medios hegemónicos, convirtiendo a los países rebeldes o no alineados en “estados paria”, “narcoestados” o “estados fallidos” para legitimar su disciplinamiento, producir violencia contra ellos y montar una gigantesca cortina de humo capaz de inocular la mayor de las ignorancias globales.

 La pieza clave de la maquinaria planetaria: la “embajada” y sus embajadores

 Para gobernar el mundo en simultáneo se requiere contar con una maquinaria planetaria demencial: 1) bases militares instaladas geográfica y geopolíticamente distribuidas con arreglo a la existencia de materias primas estratégicas, 2) flotas navales con poderío convencional o atómico para disuadir o intervenir, 3) agencias de inteligencia con capacidad de colectar megadatos de los ordenadores de todo el mundo, 4) embajadas que aplican mecanismo de poder blando y duro bajo el velo de la diplomacia y que actúan como plataformas de sostenimiento de su poder extraterritorial y 5) como operadores y soportes del poder extraterritorial disponen de un conjunto de medios hegemónicos de comunicación, encargados de censurar la información, manipular la realidad y mutilar todo aquello que se aproxime a la verdad: crímenes de lesa democracia.

 En el caso boliviano, la tarea del sometimiento político del país fue cumplida, prioritaria y proporcionalmente por su embajada, agencias de diversa naturaleza, operadores especializados y oficiosos/soplones nativos. A pesar de su bajo rango en la escala política global, son proverbiales los embajadores asignados a “cumplir misiones” especiales en Bolivia en momentos claves de nuestra historia. Los tenemos de toda estirpe y calaña. Desde el célebre Stephansky (1961-1963) que ayudó a mejorar el montaje de la CIA en Bolivia a principios de los 60, pasando por Siracusa (1969-1973) que operó el golpe contra Tórres, instalando en el poder dictatorial a Banzer en los 70s, el inefable Gelbart (1988-1991) hasta la petulante y poco graciosa Donna Hrinak (1998-2000) sin desmerecer las torpezas aberrantes de Manuel Rocha (2000-2002). No obstante, en éste largo listado de embajadores con poder virreinal también contamos con la sombra criminal de Goldberg, el oficioso separatista de la ex Yugoslavia cuyo mandato entre el 2006 y 2008 fue acabar con el gobierno de Evo Morales para ofrecer Bolivia como trofeo imperial y como festín a las corporaciones trasnacionales.

 Las embajadas, mediante distintas modalidades de injerencia, constituyen los sujetos violadores del derecho internacional público y sus delitos son detestables como lo son sus operaciones encubiertas dirigidas por sus embajadores. No es casual que EEUU no forme parte de ningún acuerdo, pacto, declaración, protocolo o convención internacional que fiscalice o condene sus abusos, mine su dominio o sea capaz de deteriorar su proyección global.

 Brennan y el legado de Goldberg

 Forma parte sin duda de este elenco diplomático el ya célebre Peter Brennan, actual encargado de negocios en Bolivia, en cuyo desempeño mantuvo, con algunas variantes, el guión central que diseñó Goldberg a su paso por el país. La continuidad del legado Goldberg lo demuestra elocuente y categóricamente los cables de wikileaks, vinculados a Nicaragua, firmados y rubricados por Trivelli (2005/2008), entonces  embajador de EEUU y por el propio Brennan en su condición de Encargado de Negocios en ese entonces.

 En el marco de la estrategia desestabilizadora y con experiencia previa, Brennan y su equipo político nunca dejaron de estudiar y privilegiar la volatilidad, la vulnerabilidad y la alta sensibilidad de una parte de la opinión pública nacional, cada vez más sometida a la infernal influencia de las redes sociales, como el núcleo fundamental del ataque contra el proceso de cambio. Brennan impulsó agresivamente la guerra contra la reputación. Si la impronta de Goldberg fue el golpe político, separatismo de por medio, acercándose peligrosamente al magnicidio, la impronta de Brennan es sin duda el golpe mediático, tan criminal como el primero, pretendiendo la muerte civil del proceso y sus dirigentes.

 Por lo tanto, de Brennan queda poco por explorar en su sinuosa trayectoria diplomática y en su burdo desempeño político. Basta leer sus propios cables, escritos desde Managua al Departamento de Estado, para darnos cuenta de su refinado prontuario labrado a fuerza de corromper dirigentes sindicales, envilecer a comunicadores y medios de comunicación, pagar candidaturas de líderes políticos de la derecha nicaragüense, emprender una carnicería moral contra Ortega y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), incentivar conflictos entre el FSLN y los pueblos indígenas mizquitos o manipular a ONGs favoreciéndolas con gruesas sumas de dinero con el sólo objetivo de frenar el ascenso al gobierno de Daniel Ortega y el FSLN.

 Todo este repertorio de acciones éticamente cuestionables, moralmente intolerables y legalmente punibles fueron replicados en Bolivia con el acicate de sus agencias desde el extranjero y el entusiasmo cerril de la oposición, ávida de recursos y siempre dispuesta a medrar de la billetera imperial para obtener un plato de lentejas.

 ¿Le suena familiar al pueblo boliviano esta historia escrita por la propia mano del imperio?

 Este personaje en esencia siniestro, que en la simple gramática política tendría el título de sicario, es el diplomático de carrera que el Departamento de Estado de los EEUU envió a Bolivia el año 2014 con el mismo mandato que recibió Goldberg para destruir el proyecto político boliviano el año 2006. Empero, habría que agregar a éste expediente indecoroso la íntima, atípica e inescrupulosa relación que mantuvo con un narcotraficante, torturador, testaferro y pseudoperiodista de Santa Cruz con el afán de cumplir su mandato desestabilizador. No fue menor su acendrada capacidad para alinear a su proyecto a un entusiasta coro de bufones maquillados de analistas políticos y adiestrarlos para sus fines arteros.

 Y no se crea que Brennan o el imperio operan en la soledad de su miserable poder subterráneo. Estos prosperan en la carroña que hace posible su impudicia pero también en la nuestra, en la carroña criolla que hace posible que una nueva rosca encomendera tenga la oportunidad propicia para asestar el puñal artero y traidor contra su propia patria. Es una historia que lastimosamente se repite. Son los “comensales de la patria” que siempre prefirieron el ofrecimiento carnal fácil a soñar con un adarme de dignidad, como se quejaba amargamente Gonzalo Ruiz (+). Solo hay que verlos en la tele, leerlos en la prensa o escucharlos en la radio preñados de odio digitado y entusiasmo servil. Bajo el “Método Brennan/Goldberg” cualquier ira ciudadana se galvaniza, cheques/contratos/becas/viajes de por medio, para convertirse en “causa justa” y democrática y de ello pueden dar fe algunos conversos.

 De la rosca encomendera nos encargaremos luego. Por de pronto, Brennan regresa sin bandera aunque con un pequeño trofeo pírrico al núcleo vital de su poderosa maquinaria, que lo protegerá por el resto de sus días. Como lo hicieron con Goldberg, - a quien asignaron a su retorno de Bolivia la tarea sanguinaria de seguir degollando naciones desde sus agencias de inteligencia-, Brennan estará esperando el próximo de la lista. Pero los próximos están advertidos del método Brennan y de su tutor emblemático, Goldberg, cohabitando en el charco de sangre imperial.

 *El presente artículo es de responsabilidad exclusiva del autor y su opinión no compromete a ninguna institución del Estado Plurinacional.