El cóndor andino, un símbolo del horizonte boliviano

 El zoológico de La Paz logró el nacimiento de un cóndor andino, corona del escudo boliviano y símbolo de la libertad y la búsqueda del horizonte sin límites del país sudamericano.
El zoológico de La Paz logró el nacimiento de un cóndor andino, corona del escudo boliviano y símbolo de la libertad y la búsqueda del horizonte sin límites del país sudamericano.
Por Adrián Mengana Martínez *
La Paz (PL) Refugio ideal para especies en peligro de extinción, el zoológico de La Paz logró el nacimiento de un cóndor andino, corona del escudo boliviano y símbolo de la libertad y la búsqueda del horizonte sin límites del país sudamericano.
La cría, bautizada con el nombre de Illimani, en homenaje al nevado de seis mil 400 metros de altitud, ubicado al sur de la ciudad paceña, es la primera que nace en cautiverio en la nación después de varios años de trabajo.

Con el apoyo de especialistas alemanes, los biólogos fabricaron un nido, lejos de la vista de las personas para darle a las aves la privacidad del apareamiento y favorecieron la alimentación con vitamina A.

El polluelo, estará con sus padres hasta dentro de tres años cuando aprenderá a volar y valerse por sí solo. En total el zoológico cuenta con siente cóndores, pero solo los padres de Illimani están conformados como pareja.

Estas aves son básicamente monógamas, es decir que escogen una pareja y permanecen con ésta de por vida. Sólo en caso de que uno de los dos muera, el otro busca una nueva.

Única especie de la fauna silvestre representada en el escudo boliviano, el cóndor tiene una profunda significación cultural para los pueblos andinos desde mucho antes de la conquista española.

Sin embargo, se encuentra amenazado a nivel continental, víctima de la cacería pues se le atribuye a su carne y vísceras poderes alimenticios y curativos, la pérdida de su hábitat y el envenenamiento por la ingesta de animales intoxicados o de los propios cebos envenenados colocados ilegalmente por cazadores y ganaderos.

El ave fue escogida como imagen de poder porque es la que más alto vuela en América, incluso más que el águila. Además, es un animal de gran tamaño, capaz de alcanzar más 1,30 metros y con las alas expandidas tres metros, vivir muchos años (75) y resistir climas extremos como el de la cordillera de Los Andes.

Los incas portaban tocados o capas hechos con plumas del cóndor, y lo consideraban sagrado, especialmente en la región del altiplano, porque su condición de carroñero significa, a ojos de las culturas indígenas, que lleva el alma de los muertos al otro mundo.

Además, una figura de 135 metros del ave es una de las famosas Líneas de Nazca, gigantescos jeroglíficos de misterioso origen ubicados en el desierto peruano desde hace más de mil 500 años y las ruinas de Machu Picchu contienen un petroglifo de un cóndor en vuelo, considerado por algunos como el antiguo altar de un templo de sacrificios.

En la cultura aymara lo llaman también mallku por su enorme dimensión y creen que trae buenos y malos presagios, asimismo admiran el rito que realizan cuando encuentran un animal muerto.

Antes de picar directamente la comida, los cóndores primero abren sus alas a manera de agradecimiento lanzando diferentes graznidos al cielo y luego de ese ritual recién inician la alimentación.

El ave también es parte de los cuentos y leyendas de los pueblos indígenas, quienes los consideran inmortal, inteligente, con posibilidades de transformarse en un ser humano y le atribuyen el nacimiento del sol cada mañana, pues con su energía es capaz de tomar el astro y elevarlo sobre las montañas.

Según cuenta un mito, cuando el animal siente que comienza a envejecer y que sus fuerzas se le acaban, se posa en el pico más alto y saliente de las montañas, repliega las alas, recoge las patas y se deja caer a empicada contra el fondo de las quebradas, donde termina su reinado.

Esta muerte es simbólica, ya que con este acto el cóndor vuelve al nido, a las montañas, desde donde renace hacia un nuevo ciclo, una nueva vida.

La singular anatomía del cóndor también llama la atención de los biólogos. Primero, porque posee la cabeza desnuda y relativamente pequeña, de color rojizo, aunque puede cambiar según el estado de ánimo del animal. En la base del cuello exhibe un collar de plumas blancas que protege la piel desnuda de su cogote.

El macho se diferencia de la hembra por su cresta o carúncula sobre la frente y parte del pico; además es de mayor tamaño y tiene el iris marrón amarillento, mientras que en su compañera, el iris es rojizo.

El pico es recio, fuerte, grande y ganchudo, de borde cortante, útil para desgarrar el cuero de vacas, ovejas o llamas, y triturar sus huesos. Tiene un voluminoso buche que destaca al llenarse. Posee narinas (orificios nasales), sin un tabique central que las divida, y tiene cola relativamente corta.

Sus patas, bastante robustas, son café oscuro, con cuatro dedos fuertes y uñas cortas. El dedo trasero está poco desarrollado, señal que indica que no son aves cazadoras.

Puede volar sobre unos siete mil metros de altura y en condiciones climáticas favorables, puede mantener el vuelo durante cierto tiempo, a unos 55 kilómetros por hora, al contar con alas largas y anchas, y sin grandes músculos pectorales, que le permiten aprovechar las corrientes de aire ascendentes de las montañas, casi sin pérdida de energía.

Los curanderos espirituales de los pueblos ancestrales usan sus órganos como fuentes de virilidad y remedio para diversas enfermedades, según su creencia, los huesos triturados alivian el reumatismo y muchas personas comen su estómago para supuestamente curar el cáncer del seno. Frecuentemente se asan los ojos, para mejorar la visión, y no faltan los que ponen sus plumas debajo de las almohadas para evitar las pesadillas.

Gran cantidad de partes de un cóndor son vendidas en los mercados de las Brujas de La Paz o en la Ceja de El Alto. Los precios varían. Sólo las patas del ave cuestan de 50 a 80 bolivianos, lo que representa un gran negocio para los comerciantes y cazadores.

alb/am

*Corresponsal en Bolivia de Prensa Latina.